Diez años bobinando
La primera bobina se devanó sobre la tapa de una olla, se alimentaba de un generador barato de un marketplace y calentaba en la mano a los cinco minutos. Funcionaba: el comprobador marcaba campo. Pero hacer una segunda igual resultó imposible: bobinar a ojo da una bobina distinta cada vez.
De ahí arrancó todo. Abajo, qué se rompió en estos años y a dónde llevó.
El hilo
Al principio comprábamos hilo de cobre esmaltado corriente en el mercado de electrónica. El problema no era el cobre sino el esmalte: en el hilo barato el recubrimiento es irregular y, en un bobinado denso, las espiras vecinas cortocircuitan en algunos puntos. La bobina parece funcionar, pero la corriente es mayor de lo que debería y se calienta.
Ahora compramos hilo con espesor de esmalte controlado y medimos la resistencia de aislamiento antes de bobinar. Un paso aburrido, invisible en el producto acabado, y la razón por la que dos equipos del mismo modelo dan las mismas cifras.
El paso
Segunda lección: en un bobinado denso, «lo más apretado posible» no es el objetivo. Las espiras pegadas añaden capacidad entre vecinas, y a frecuencias altas la bobina deja de comportarse como bobina y empieza a comportarse como condensador. La señal cae, la forma se distorsiona.
Probamos varios pasos y nos quedamos con el que mantiene plana la respuesta en frecuencia hasta el extremo superior del rango. Es un compromiso: un bobinado más apretado daría más campo en graves y estropearía los agudos.
La alimentación
La historia más larga. Los primeros generadores eran módulos comerciales. Daban una sinusoide limpia en vacío; bastaba conectar una bobina para que el osciloscopio mostrara algo con la cresta recortada.
Tuvimos que hacer el nuestro. El generador actual mantiene la forma bajo carga en todo el rango de trabajo, y esa —y no el cobre— es la parte cara del equipo.
La carcasa
Aquí fuimos contra la costumbre. Es más simple y barato encapsularlo todo en resina: el producto parece más sólido y nadie ve cómo está hecho.
Dejamos la construcción abierta. El bobinado se ve, los bornes son accesibles, puedes engancharle un osciloscopio. Esa decisión nos cuesta los clientes que quieren una cajita bonita, pero es honesta: ves por qué pagas y puedes comprobar nuestras cifras con tus instrumentos.
Lo que no ha cambiado
Bobinamos a mano. Probamos una bobinadora semiautomática: en un toro de 14 rayos da un paso más regular, pero pierde la capacidad de guiar el hilo al tacto, y en los cruces eso es justo lo que importa.
Por eso las series siguen siendo cortas y cada bobina pasa por unas manos. No es romanticismo, es un límite del método.
Qué viene ahora
Ahora mismo hay 24 diseños en la mesa; nueve han llegado a la tienda. El resto o no mantenían los parámetros de muestra a muestra, o salían más caros de lo que valen.
Si tienes una idea de bobinado que quieres probar, escríbenos. Bobinamos prototipos según especificaciones ajenas con gusto: es la forma más barata de aprender algo nuevo.